Genuino exponente de la demonizada Integración Plástica, Guillermo Rossell
de la Lama ha expresado en su obra su preocupación por el hombre, la naturaleza
o los elementos, todo desde una perspectiva artístico-arquitectónic.

 

La historiografía de las artes ha dado en llamar Integración Plástica al movimiento que  tuvo lugar en México en la década del cincuenta del siglo XX donde arquitectos, pintores y escultores buscaban crear un arte manejando la idea de trabajo interdisciplinario así como la armonía de la obra, en especial la pública. Este movimiento rompió con el tabú de la ornamentación que estaba prohibida en el racionalismo.

Posteriormente al movimiento revolucionario de las primeras décadas del siglo XX, hubo una valiosa incursión en el campo de la Integración plástica, por ejemplo, por parte de David Alfaro Siqueiros, quien realizó, entre otras obras, un mural en la sede del Sindicato Mexicano de Electricistas y otro en el Hospital de La Raza, o el que estaba realizando Diego Rivera también para ese hospital; sin dejar a un lado los trabajos de José Clemente Orozco en la Escuela Normal de Maestros o el de Carlos Mérida en el Multifamiliar Juárez.

Sin embargo, fueron Rossell de la Lama junto con Lorenzo Carrasco, Raúl Cacho y Juan O'Gorman, quienes a través de Espacios, buscaron el renacimiento de la integración de las artes en nuestro país. Sobre esta postura integracionista, comentaría O'Gorman: "El arte de verdadera calidad sólo puede entenderse como la expresión de los anhelos y aspiraciones y por lo tanto de los intereses de clase de los hombres que con su trabajo producen lo necesario para la vida de la colectividad y que son la mayoría. Sólo de esta manera puede el arte tener su raíz en la necesidad vital humana y expresar esa misma necesidad vital". Así, tanto para este arquitecto-pintor como para sus compañeros, la Integración Plástica viene a significar un esfuerzo más por lograr una vida en colectividad equilibrada y plena, ligada en compromiso y ánimo con los demás y con el entorno físico.

 


 

El sentido social que Rossell y su equipo vieron en la Integración Plástica, queda patente en las siguientes palabras der GRL: "Un Siqueiros, un Orozco, un Rivera, en fin, una pintura mural heroica y dramática de características y proyecciones sociales como la que admiramos en estos momen­tos ni tendría ni siquiera razón de existir si no estuviera ligada a aspiraciones y a circunstancias que agitan a ese sentimiento de definición e independencia nacional vigente y necesaria de estímulo en estos momentos"

Para otro de los grandes creyentes de la Integración Plástica, José Chávez Morado, "La integración de las artes plásticas no es sólo un fenómeno formal, sino resultado de la identificación de forma y contenido. Es un proceso social en el que el contenido más auténtico de la época se manifiesta en todas las artes y consecuentemente, en todas las artes, cuando por medio de ellas una forma estética común a todas las técnicas facilitando así la fusión y enriquecimiento de éstas"

Posterior a la construcción de CU sería realizado otro importante conjunto arquitectónico pleno de Integración Plástica: el Centro SCOP así como el Centro Médico Nacional donde, a decir de Vargas Salguero, se logró la obra maestra de este movimiento plástico. Otros grandes ejemplos de Integración Plástica de fechas posteriores que valdría la pena recordar fueron los logrados en la Unidad Habitacional Independencia y en el Museo Nacional de Antropología.

En la carrera profesional de Guillermo Rossell, su desarrollo ha estado enraizado a la Integración Plástica. Ya desde su tesis sobre Nueva Ciudad Guerrero, como se menciona líneas arriba, el entonces pasante incluía el proyecto de un Monumento al Sonido creado por Siqueiros. Al poco tiem­po de terminar su carrera, realizaría junto con Carrasco obras con Integración Plástica en las calles de Sófocles a las cuales aludiré más adelante.

 


Espacios no.16

Palabras de Guillermo Rossell, en “Hacia una conciencia profesional”, en Espacios, No.11

Jose Chavez Morado, “La decoración mural de la facultad de ciencias en CU” en Espacios, No.14 marzo 1953

Ramón Vargas Salguero, “EL imperio de la razón” en Arquitectura mexicana del siglo XX México, CONACULTA, 1994, p.74

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